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dc.contributor.authorLeache Resano, Jesús
dc.contributor.authorTabuenca González, Fernando
dc.date.accessioned2015-04-16T08:55:54Z
dc.date.available2015-04-16T08:55:54Z
dc.date.issued2014-12
dc.identifier.citationLeache Resano, Jesús; Tabuenca González, Fernando. Iglesia y Centro Parroquial de San Jorge. Pamplona. A: XXXVIIè Curset jornades internacionales sobre la intervenció en el patrimoni arquitectònic. "Patrimoni sacre: permanent innovació". Barcelona: AADIPA; COAC, 2014, p. 1-3.
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/2099/16328
dc.description.abstractEn el año 2000, el Arzobispado de Pamplona-Tudela convocó un concurso para el proyecto de una nueva iglesia y centro parroquial en el barrio de San Jorge, un deseo anhelado desde hacía más de treinta años por los feligreses del barrio, pues hasta ese momento tanto las dependencias parroquiales como la iglesia estaban dispersos en las plantas bajas de varios edificios del entorno. Cabe subrayar la sencillez con la que se establecieron las bases del concurso, en un pliego que apenas alcanzaba los 4 folios para los aspectos legales y 7 para el programa de necesidades, acostumbrados a los cada vez más farragosos pliegos de los concursos públicos. Al concurso se presentaron 40 propuestas que fueron valoradas por un jurado previamente conocido –hecho también a destacar- y expuestas públicamente. Realmente se daban unas condiciones atractivas y amables, y todo alrededor de un tema de proyecto -una iglesia- , una oportunidad que no se da todos los días. El solar sobre el que se proponía desarrollar el proyecto se situaba en el centro de un inmenso espacio anodino rodeado de viviendas de 8 y 10 alturas que no hacían fácil el camino para encontrar una solución adecuada. La propuesta del concurso se abordó con el firme propósito de que esta nueva dotación ayudara a organizar el espacio urbano. De hecho se presentó una propuesta en la que el volumen edificado se desplazaba respecto de la previsión central prevista por el planeamiento, con el objeto de crear una gran plaza y una calle lateral, frente a los espacios que, si se ocupaba el centro del solar iban a desalojarse en su entorno. A pesar de esta heterodoxia, la solución prosperó inicialmente y fue la mejor valorada en el concurso, a partir de lo cual comenzó el desarrollo del proyecto. La solución pasaba a su vez por subrogar el volumen del edificio a los de los bloque de viviendas perpendiculares a la avenida, subrayando y completando dicho ritmo pues se vio que dicha actitud abundaría en un imagen de acomodo natural en el duro paisaje ya construido. El cambio de alineaciones, que a todos los agentes intervinientes parecía interesar, suponía pasar por un estudio de detalle, y este por la lógica exposición pública. Ante las dudas de que el vecindario próximo pudiera poner pegas, se abortó la operación, por lo que tras 2 años de trabajo comenzamos a desarrollar el proyecto en el emplazamiento central previsto en el planeamiento. Con los mismos principios que desde el comienzo del trabajo, y ya con muchos más datos encima del tablero de dibujo, pues para entonces se habían celebrado las lógicas reuniones de seguimiento con la propiedad planteamos, tras ofrecer varias soluciones tipológicas alternativas, un proyecto que recogía elementos esenciales de la primera propuesta. En este caso, el primer objetivo fue ayudar a unir mediante la iglesia las dos “subplazas” en las que ahora se subdividía el enorme espacio entre viviendas. Esta misión la realizará un atrio pasante, que además organizará y cualificará el ingreso al templo y a la casa parroquial. Lugar de paso, de reunión, de preparación al culto, de despedida etc…a él se le va a confiar la solución a un problema de organización de espacio urbano, de aislamiento de ruido aérero y de ruido visual, un espacio de una eficacia arquitectónica extraordinaria comparada con la sencillez de sus trazas y que por supuesto no se inventó para esta ocasión sino que alguien ya lo descubrió hace ya cientos de años. Desde el comienzo se intuía que la solución en relación con el áspero entorno debería ser unitaria. Todas las partes deberían sumarse y formar un todo único con el que poder trabajar una escala apropiada, sin complejos, pero amable. La iglesia, el atrio, el centro parroquial, y lo que casi era más comprometido de resolver, la viviendas parroquiales, se “envolvieron” dentro de un manto general que da solución a este problema tan generalizado en este tipo de programa edificatorio…
dc.format.extent3 p.
dc.language.isospa
dc.publisherADIPPA
dc.publisherCOAC
dc.relation.ispartof37e: 2014: Barcelona
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Spain
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/
dc.subjectÀrees temàtiques de la UPC::Arquitectura::Projectes arquitectònics
dc.subject.lcshChurch architecture
dc.titleIglesia y Centro Parroquial de San Jorge. Pamplona
dc.typeConference lecture
dc.subject.lemacArquitectura religiosa
dc.description.peerreviewedPeer Reviewed
dc.rights.accessOpen Access
upcommons.citation.authorLeache Resano, Jesús; Tabuenca González, Fernando
upcommons.citation.contributorXXXVIIè Curset jornades internacionales sobre la intervenció en el patrimoni arquitectònic
upcommons.citation.pubplaceBarcelona
upcommons.citation.publishedtrue
upcommons.citation.publicationNamePatrimoni sacre: permanent innovació
upcommons.citation.startingPage1
upcommons.citation.endingPage3


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